A vueltas con el liderazgo femenino: rentables pero no queridas

Saber qué aportan las mujeres a la dirección de las organizaciones se ha convertido en un auténtico filón de opiniones e investigaciones, cuando lo curioso es que la presencia masiva de los hombres se asume como algo natural, sin que nadie se pregunte qué aportan. Veamos algunos de los ángulos de tan productivo debate.

Empecemos por la rentabilidad financiera pura y dura. En un estudio de 2007 llamado The Bottom Line se cruzó la rentabilidad media de las más grandes empresas americanas (Fortune 500) con la presencia de mujeres en sus consejos de administración. Se tomaron datos públicos del período 2001-2004 y se seleccionaron tres indicadores financieros: la rentabilidad sobre recursos propios,  sobre capital invertido, y sobre ventas. La comparación del 25% de compañías con más mujeres frente al 25% de empresas con menor presencia femenina fue sorprendente: la rentabilidad del primer grupo era entre un 40% y un 65% superior, dependiendo del indicador considerado. Había además consistencia entre distintos sectores de actividad. 

Este estudio, realizado por una «non-profit» americana muy respetada llamada Catalyst, se ha convertido en un clásico (existía ya una primera versión de 2004 con resultados similares).  El País lo recogió en el artículo  «Las empresas con más directivas tienen mejores resultados» con ocasión de la visita de la presidenta de Catalyst en Europa. En blogolandia, también Pilar Jericó se hizo eco de la noticia.

Mucho menos conocido pero igual de interesante es el estudio Female Leadership and Firm Profitability realizado en Finlandia, país que pese a ser uno de los que tiene mayor igualdad de género tiene sus cúpulas directivas sobresaturadas de hombres. El análisis incluyó la friolera de casi 13.000 empresas. En esta ocasión los indicadores financieros eran otros (rendimiento del activo y margen operativo) pero de nuevo se obtuvo una clara correlación entre rentabilidad y liderazgo femenino:  si la dirección general la ostentaba una mujer, o la alta dirección tenía un buen balance de género, la empresa era de media un 10% más rentable.  Los autores incluyeron, además, hipótesis de las posibles causas de esta correlación:  tal vez se debe a mejores capacidades de gestión de las mujeres, o a las dificultades para llegar a la cima que actúan como «selección natural» de las más brillantes, o tal vez las mujeres tienden a desarrollarse en sectores más rentables o, simplemente existe un tercer factor que conecta el liderazgo femenino y la rentabilidad (por ejemplo que los mejores resultados se deban en realidad a buenas prácticas de gobierno corporativo o una cultura organizativa más flexible y abierta; en definitiva, el estilo de la empresa).

Pero no todo es rentabilidad económica, según algunos analistas, hay otros motivos para potenciar el liderazgo femenino en las empresas: las mujeres se adaptan mejor a nuevas situaciones, son mejores gestores, mejores líderes y además invierten mejor. Por si fuera poco, el estilo de liderazgo femenino encaja mejor con las demandas de la Generación Y, según un estudio de la consultora Hudson. 

Que maravilla,  ¿qué más se puede pedir? Las empresas deberían ir corriendo a aplicar la Ley de Igualdad :). Sin embargo, la realidad que todos conocemos es que el ascenso de las mujeres al poder en las empresas sigue siendo lento, y sólo mejora ligeramente en las empresas familiares.

Un artículo de ABC sobre Liderazgo Femenino recogía recientemente algunas de las dificultades a las que se enfrentan las mujeres: desde el papel de los estereotipos en palabras de Celia de Anca, al proceso de socialización y la influencia de la familia según las investigaciones de Alicia Kaufmann.

Más contundente resulta el argumento por el que aunque ellas son estupendas… no gustan. Esa es la línea de Sylvia Ann Hewlett en Likeability and Women’s Leadership que a partir de la experiencia de las Primarias con Hillary Clinton recuerda un estudio de 1990 que puso de manifiesto que la gente responde negativamente a las mujeres asertivas pero admira a los hombres asertivos; y en esa misma línea,  otro estudio, de 2007, que mostró que la «autopromoción» en los hombres se ve como un signo de confianza, mientras que en las mujeres se ve como autombombo y por tanto menos merecedor de apoyo.

Es importante subrayar que hablamos de las percepciones tanto de hombres como mujeres, porque como sugiere el estudio de Catalyst, Different Cultures, Similar Perceptions,  los estereotipos sobre los atributos del liderazgo masculino y femenino son muy persistentes y compartidos. Los hombres suelen verse como mejores para tomar el mando y resolver problemas; ellas en cambio se ven mejores cuidando y apoyando a otros. Como resultado, los directivos de las organizaciones tienden a asignar distintos grados de efectividad a algunas conductas de liderazgo basándose en exclusiva en el género. En tiempos de crisis esto podría reforzar el techo de cristal porque en esas situaciones la tendencia es a reforzar los rasgos del liderazgo asociados con los hombres como la asertividad o la toma de decisiones.

 Lo habitual es que las mujeres sean evaluadas frente al estandar masculino de liderazgo y, como consecuencia, o bien se les ve como muy blandas o muy duras pero nunca en el término adecuado. Si su comportamiento es coherente con el estereotipo femenino se les ve menos competentes para el liderazgo. Pero si no se comportan en línea con el estereotipo son consideradas poco femeninas… y no gustan. Catalyst llama a esto la «Atadura Doble» (Double-Bind Dilemma): o competentes o queridas; ese es su drama. Y con él, el del tejido empresarial, que no saca partido al liderazgo de las mujeres, perdiendo por ello rentabilidad y competitividad.

Un año de diversidad

Tengo una relación conflictiva con el paso del tiempo, así que las celebraciones de aniversario no son mi fuerte. Habitualmente me recuerdan, de forma automática, lo efímero que es todo. Esta vez no me lo tomo tan personal porque es Diversidad Corporativa el que celebra su primer año. Aprovecho la ocasión para hacer algo de balance y desvelar algunas interioridades, que eso siempre da morbo.

Empecé el blog con muchas dudas. Quería dar a conocer algunos temas de los que percibía no se hablaba mucho. La diversidad tiende a verse como algo bidimiensional: pones unas cuantas mujeres y personas con discapacidad en tu empresa, y asunto resuelto. Yo quería compartir la investigación que existe sobre el tema, las cosas que leía, las conferencias a las que asistía… Quería huir del «opinar por opinar», que tanto nos gusta a todos, pero al mismo tiempo no parecer «redicho».

Envié las primeras entradas a Cristina Simón, con la que comparto ese gusto por la profundidad y risas, y ella me reforzó y animó en aquellos primeros momentos. Me sugirió, además, que incorporara a mi perfil la posición y empresa en la que trabajaba para generar más credibilidad. Parecía un detalle menor pero el tiempo le ha dado la razón; la página que acumula más visitas es la de «Autor» y reconozco que yo mismo, como lector, suelo hacer mi primer click en un nuevo blog para conocer quien escribe.

Incluir que trabajaba en MSD me llevó automáticamente a comunicarlo dentro de la compañía. De manera informal pasé el link a Relaciones Externas y Recursos Humanos en España.  Por otro lado, informé oficialmente a mi jefa en Estados Unidos, dado que no tengo ninguna línea de reporte en España. Ella me pidió que consultara al departamento de Comunicación local, y éste, a su vez, al departamento Legal. De repente me vi dando muchas vueltas para algo que parecía muy fácil pero las empresas farmacéuticas son «antes muertas que sencillas» ya que operan en un entorno muy regulado y eso les hace extremar los controles.

Ante tanta consulta interna, busqué información en la red sobre bloggers y empresas. Encontré Abladías de Fernando Polo. Le hice una consulta por email sobre las implicaciones de revelar dónde trabajaba en el blog. Fernando fue super amable. Mantuvimos un intercambio rápido de emails y me tranquilizó mucho. Al final dentro de mi empresa todo se resolvió sin mayor dificultad. Parecía que la única prevención venía no de lo que yo escribiera sino de los comentarios de otros sobre la empresa. Como si no existiera la moderación de comentarios o alguien pudiera controlar todo lo que se dice de una empresa en la red…

El blog ha seguido su curso a partir de ahí sin ninguna incidencia, y estoy muy satisfecho del balance. Me ha servido para trasladar parte de mis aprendizajes durante algunos de los viajes del año, aquellos que daban juego, como los de Dubai, San Francisco o Bruselas. Viajes en los que ahora siempre busco edificios de oficinas para cambiar la foto de la cabecera :). Durante este año, he podido también conocer a gente interesante e iniciar colaboraciones, publicando algunas de estas entradas en otros medios, como Mujeres & Cia, Diario Responsable  y Pensar de Nuevo. A través de las entradas más visitadas he sabido qué temas atraen más tráfico de las búsquedas en la red: Códigos CulturalesDiversidad Gay, Igualdad de Género y Masculinidad o Recursos Humanos y Diversidad. Y también me he reído con alguna de las búsquedas concretas, como la de aquel visitante que quería «conectar a la luz una licuadora» y que por algún extraño algoritmo acabó aquí. 

En fin, que yo no sé si los blogs están muriendo, o se reencarnarán en otra cosa, por la magia de Twitter y las redes sociales, pero yo me lo paso bien por el camino.  Procuro vivir alejado de ciertas polémicas que siempre circulan en la blogosfera. La única que me interesa un poco es la relativa a la identidad e internet pero no por miedo a que nuestras identidades se diluyan en la red «como las lágrimas en la lluvia», sino porque la(s) identidad(es) son muy relevantes para la diversidad en las organizaciones (ya explicaré esto bien).  También vivo con cierta distancia toda la parafernalia relativa a la importancia de los comentarios, los enlaces o los rankings, porque me parece que hay demasiada mística bloguera y que todo depende. Hay blogs muy leídos, enlazados y comentados con una calidad más que cuestionable, y otros más discretitos que son pequeñas joyas.

Los próximos meses me costará todavía más escribir. He asumido temporalmente la coordinación de la estrategia de Grupos de Diversidad Globales que aglutinan a unos 200 directivos de mi empresa de todo el mundo y que han generado unas dos docenas de acciones internas que ahora hay que implantar. Mantener la actividad en el blog durante esta etapa va a requerir de todo el apoyo de técnicas de productividad personal, esas que siempre me han dado tanta alergia, y que José Miguel Bolivar traslada constantemente. Aunque estoy convencido de poder sacar tiempo para esto porque en definitiva.. me gusta.

Gestión de contactos profesionales con autenticidad

En plena ebullición 2.0, con nuevas herramientas  floreciendo constantemente alrededor del concepto de red social, resulta útil revisar las bases de las relaciones humanas.  Yo lo he hecho a través de la lectura de un libro sobre Networking o gestión de contactos. La obra se llama El éxito en seis cafés y está escrito por Pino Bethencourt, consultora y profesora del IE Business School. A pesar de un título tan poco agraciado (confieso mis prejuicios hacia la palabra «éxito»),  el libro me ha ayudado a reflexionar sobre algunas cuestiones. 

Lo de los contactos parece desprender un olorcillo a enchufismo, pasilleo y trepismo. Sin embargo la idea fundamental que maneja la autora es que la gestión de contactos se basa en algo que todos hacemos: construir relaciones de confianza, y para ello lo fundamental es aportar valor. Se trata de dar primero. Querer hacer networking desde la base de ir pidiendo a priori (por ejemplo, trabajo) es un fatal comienzo.

Poniendo el centro en aportar y ayudar, se vuelve más evidente la limitación natural que todos tenemos en la gestión de nuestras relaciones. Recordar esto en el «wiki-mundo moderno» parece casi anatema, porque el que más y el que menos acumula contactos en sus redes sociales preferidas, cayendo en un coleccionismo de conocidos poco manejable. Pino Bethencourt cifra el número de contactos significativos que puedes mantener en el famoso Número de Dunbar (150) ya que se supone que es el límite de personas que podemos mantener en nuestra «comunidad» cercana. Más allá de los 150, y exagerando un poco, si un nuevo contacto entra, y lo queremos cuidar mínimamente, otro tendrá que salir.  No damos para más; una pena.

Sin embargo, lo importante en el networking no es  el número de contactos sino su relevancia para los objetivos que pretendamos conseguir. Todos conocemos a gente, pero no siempre a la más adecuada a nuestros intereses. Y aunque ya nos sepamos la Teoría de los Seis Grados (de ahí la necesidad de seis cafés en lugar de cinco), pocos hacemos una buena gestión de contactos para no parecer interesados, renunciando así a conocer a gente que nos resultaría muy valiosa.

Las autolimitaciones habituales se complican cuando además hay «diversidad» de por medio. Es ya clásico hablar del poco acceso de mujeres y minorías a las redes de poder formal e informal de las organizaciones. El drama es que, barreras organizativas aparte, estas dificultades se basan en el miedo a ser diferentes. Este no aceptarse lleva a algun@s a renunciar a sus diferencias, precisamente la esencia de lo que les hace especiales, y a perder fuerza y confianza en si mismos.

El secreto de una buena gestión de contactos, sin miedos y complejos, se basa en la autenticidad en las relaciones con los demás. Asumir por un lado que siempre hay intereses en las relaciones interpersonales de cualquier tipo y combinar la química natural con la búsqueda de intereses comunes. No se trata de forzar relaciones sino de pasarlo bien por el camino, dejando que nuestra red refleje la diversidad de lo que somos. 

El libro de Pino está lleno de ejercicios para gestionar los contactos de una manera consciente. Ella recomienda sentarse a analizar la red de la que cada uno disponemos a múltiples niveles: en función de la confianza, por reciprocidad en la relación,  por frecuencia y valor de los contactos y, muy importante, por la apertura de nuestra red personal (cuánta gente nueva entra). Ese análisis nos ayudará a aclarar el tipo de cambios que tenemos que hacer, asumiendo que lo difícil no va a ser tanto crear contactos nuevos  como mantenerlos, ya que tendremos que aportar algo a esa relación. En el libro hay una tabla de recursos qué podríamos utilizar para aportar valor. Uno de ellos es gestionar los «agujeros estructurales» de tu red, es decir, «intermediar» entre las distintas personas que ya conoces para ponerlos en contacto entre sí en función de sus intereses compartidos (tienes que haber invertido tiempo antes en conocerlos, claro).

Por último, me ha gustado la clara distinción que hace la autora entre cultivar contactos y perseguirlos. Ella recomienda que siempre hay que facilitar la negativa: permitir al contacto rechazar tu ofrecimiento o propuesta. A partir de ahí, poco más. Recuerda que en el cara a cara con tus contactos, debes ser tú mismo, aunque esto de «ser auténtico» nos provoque risa al recordar el Mónologo de  La Agrado en Todo sobre mi Madre. Pero que verdad tan grande:  «una persona es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma», y … otras personas son siempre fundamentales para realizar esos sueños. 

 Para saber más podéis ver este vídeo de la autora en una Entrevista sobre «El éxito en seis cafés» en Telemadrid.

Premios al esfuerzo personal

A la tercera va la vencida. Me habían invitado en dos ocasiones anteriores a participar en un meme y no lo hice. No soy la persona más adecuada para explicar qué es un meme en internet pero digamos que se trata de la propagación a través de enlaces de una idea o iniciativa. Me dan algo de alergia porque se parecen un poco a los típicos emails en cadena que anuncian grandes catástrofes personales si no se los pasas a determinado número de tus amiguitos. En los memes de internet lo bueno es que no hay grandes consecuencias: ni te vas a hacer rico y guapo por seguirlos ni hundirte más en la miseria si no lo haces.

Mi primer meme me lo pasó Dolors Dreig, auténtica gurú «teki» de la web semántica, siempre compartiendo generósamente sus conocimientos de las últimas herramientas de internet. Dolors es además blog-amiga porque hemos dado el paso mágico de conocernos en el mundo real. Su invitación al meme me pilló muy jovencito con este blog, con apenas dos mesecitos, y no participé.

El segundo meme vino de la mano de José Luis del Campo Villares. No recuerdo bien de qué iba el asunto; algo así como decir tus cinco posesiones sin valor más preciadas. Me pareció complicado. A José Luis, en cualquier caso, he de agradecerle que me diera a conocer la existencia de un Ranking de blogs sobre dirección de personas.

Finalmente este tercer meme, consistente en reconocer a otros blogs por su Esfuerzo Personal durante 2008, me llega desde los Sueños de la Razón. Miquel, el humano que hay detrás de los Sueños de la Razón, me incluye entre los premiados  porque dice que Diversidad Corporativa «puede que me llegue a hacer creer que es posible la responsabilidad social en las empresas: la de verdad, no la de la estrategia de comunicación«. Precisamente ese escepticismo constructivo es uno de los puntos de conexión que comparto con Miquel, al que me enganchó como lector su mirada «ácida», y a veces hilarante,  sobre la realidad empresarial.

Y sin más, aquí va mi lista de premiados al esfuerzo personal, que servirá para dar a conocer nuevas y «diversas» realidades: 

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Marketing Online y Usabilidad. Es el blog del que considero mi SEO particular, David Martín, que, como corresponde a su personalidad múltiple, opera con distintos nombres en la red. Su heterónimo más querido por mi es «Googlevil», el perfecto combinado de inteligencia y lengua afilada. Sus esfuerzos por desentrañar los misterios del posicionamiento web son constantes, y  sólo comparables a los que hace por entenderse a si mismo 🙂

Art Now…!. Detrás de este blog está Efrén Abad, el joven becario que trabaja conmigo en la elaboración del Plan de Igualdad de MSD. Es un lujo trabajar con él porque es inteligente, sensible y culto en las proporciones adecuadas. Su gran esfuerzo personal es mantener este blog sobre arte contemporáneo. La redacción y la profundidad de sus análisis son impecables. Eso sí, que nadie se traumatice si no conoce a ninguno de los artistas sobre los que Efrén escribe. Es el precio de estar en la vanguardia, que no suele ser (re)conocida.

Mi buena vida. Marta Castillo comparte desde este blog sus aficciones culturales, de gran variedad y siempre exquisitas. Marta es además especialista en temas de género e igualdad. Desde Intermedia Labora trabaja con nosotros en la elaboración del ya citado Plan de Igualdad.

Garaje Rojo. José de Isasa nos acerca desde este blog los misterios de la cultura judía, y últimamente se esfuerza en manejar sus emociones e intentar convencernos de las razones que asisten a Israel en el actual conflicto de Gaza. Valoro personalmente su gran corazón, aunque los muertos palestinos hacen poco creíble su análisis de democracia frente a barbarie.

Reflexiones de un Psicólogo Evolutivo. No tengo muy claro cómo descubrí este blog. Lo cierto es que Alfredo trata con rigor muy diferentes aspectos de la vida actual desde la psicología social y del desarrollo. Sus entradas están bien documentadas y se hacen eco de distintas investigaciones , aportando siempre algo de valor.

Sin premio al esfuerzo, pero con mención se queda Los Trazos de la Canción, el blog de Vitor (sin c).  Sus textos reflejan muy bien algunas de las tensiones, placeres y sinsabores de la Generación Y. Todo aderezado con toques de hedonismo y existencialismo, como corresponde a este estudiante de Filosofía, que además es mi sobrino.

Los aquí premiados al esfuerzo personal, que sepan que si quieren continuar con el meme y participar premiando a otros blogs deberían: 1/ decir quién les ha pasado el meme; 2/ subir la imagen del «bonito» trofeo a la entrada y 3/ seleccionar cinco blogs que merezcan el premio al esfuerzo. Al menos, esto he creído entender de las instrucciones.

Outliers: talento excepcional, contexto y cultura

Ya sabemos que la inteligencia no lo es todo  para «triunfar» en la vida. Hay un umbral mínimo  de inteligencia por debajo del cual es difícil tener éxito,  pero a partir de ahí entran en juego las capacidades emocionales y  las circunstancias del contexto social en el que nos movemos. Esto ya lo puso de manifiesto Lewis Terman, el psicólogo que ideó el «cociente intelectual», quien  realizó un famoso estudio por el que siguió durante décadas la evolución de niños con un CI mayor de 135 (el normal está entre 90 y 110). El estudio mostró que CI y logro no correlacionaban.

Malcolm Gladwell, autor de The Tipping Point y Blink, ha dado una nueva vuelta de tuerca a la relación entre éxito y contexto social. Hace unas semanas, leí un adelanto de su nuevo libro  Outliers en el blog de Juan Freire  y ahora ya he podido leer la obra completa. El término «outliers», de difícil traducción, corresponde a desviaciones atípicas, valores extremos que se alejan mucho del resto de puntuaciones de una variable.  En el caso de los humanos, estaríamos hablando de aquellas personas que realmente destacan en un determinado campo.

El autor revisa, por ejemplo, qué tienen en común los mejores jugadores de algunos deportes, para concluir que todos han nacido en el primer trimestre del año. Lejos de una conjunción astral, la explicación estaría en la ventaja que suponen unos meses de desarrollo físico adicional en niños que empiezan a entrenar a los 5 años. Esa pequeña ventaja inicial se consolida después del primer año porque esos niños pasan a ser incluidos en el grupo «avanzado». 

Gladwell revisa también historias personales de gurús de la informática, como Bill Joy, cofundador de Sun Microsystems, o Bill Gates. En ambos casos, además de su talento personal, lo que les hizo destacar fue la posibilidad de numerosas horas de programación en sus respectivas universidades. Tanto en los ejemplos deportivos como informáticos, el autor llega a la conclusión de que el talento excepcional triunfa cuando puede disponer de nada menos que 10 mil horas de práctica. No basta con ser «listo» , también hay que practicar mucho.

Además de examinar las oportunidades del contexto social, Malcolm Gladwell hace un repaso del papel que juega el legado familiar y cultural. En el campo académico revisa los resultados escolares de niños de clase social baja y alta. Durante el curso escolar no se aprecian diferencias de rendimiento, pero sí entre el final de un curso escolar y el inicio del siguiente. Esa diferencia fruto de lo que hacen durante las largas vacaciones de verano acaba generando, con los años, diferencias significativas en los resultados académicos de los niños pertenecientes a distintas clases.

En cuanto a las diferencias de tipo cultural, el autor sostiene que la superioridad asiática en matemáticas está determinada por el cultivo del arroz que con sus largas horas de trabajo, sin periodos de descanso, genera una cultura de esfuerzo y persistencia. A mi en cambio, me pareció más relevante su explicación sobre la diferencias de tipo linguístico: los números son mucho más cortos en chino, y otras lengus asiáticas, que en inglés, y además siguen una estructura totalmente lógica de construcción, sin ninguna irregularidad del tipo «quince» en lugar de «diecicinco». El resultado es que los niños asiáticos aprenden más rápidamente cálculo numérico.

La influencia más evidente de la cultura se encuentra, sin embargo, en el capítulo sobre los accidentes de avión. Las circunstancias de cada accidente aéreo están totalmente tipificadas, generando estadísticas detalladas. Así, lo habitual en un accidente es que haya mal tiempo pero no nefasto, que el avión vuele con retraso, que el piloto lleve más de 12 horas despierto y que piloto y copiloto vuelen juntos por primera vez (ocurre en la mitad de los accidentes). Además, estadísticamente los vuelos son más más seguros si va al mando el copiloto. Esto está relacionado con la cultura jerárquica que hay en las cabinas, porque cuando el capitán va al mando el copiloto tiene dificultades para llamarle la atención ante cualquier cosa que que no haga correctamente. Esta dificultad para corregir al capitán se agudiza en algunas culturas hasta el punto que datos de Boeing de 1994 correlacionaron las probabilidades de accidente con las dimensiones del modelo de Cultural Dimensions  de Geert Hofstede. Este sociólogo desarrolló su modelo de diferencias culturales en los 70, comparando las diferencias existentes entre empleados de distintas subsidiarias de IBM. El autor identificó 5 dimensiones que diferenciaban las culturas nacionales entre sí, una de ellas es «Power Distance»  y mide cómo se valoran las relaciones jerárquicas y el uso del poder. A mayor puntuación en ese índice mayor respeto por la jerarquía, y según parece, mayor probabilidad de no llevar la contraria al capitán ante una dificultad, y acabar teniendo un accidente.

Pero que no cunda el pánico, las distintas aerolíneas han identificado la importancia de estos factores culturales en la seguridad de los vuelos y en la actualidad realizan entrenamientos en asertividad, para reforzar que los copilotos digan y hagan lo que consideran correcto a pesar de no llevar el control del avión.